Le dije monta que te llevo al Sol.
Me dijo que tontería, arderás.
Le dije que no pensaba ir de día, y se reía.
Ya verás, le decía, si te fías de este guía. Dicen que cuando llegas hay un flash, y me creía.
Me daba alas.
Parábamos a dar caladas en coordenadas desordenadas, sentados en el meridiano de Greendwich dejábamos colgar las piernas. Sabiendo que la búsqueda era eterna, y que hay muchas paradas a lo largo del camino, y que lo importante sino el camino en sí.
Miramos atrás y supimos que nadie volvería a vernos más.
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