El otro día me di cuenta de que hay sábados más largos que vidas, incluso comparándolos con un lunes todavía medio de resaca, un cuarto de litro de vodka en vena y esa mirada de desesperación al ver que el reloj no se ha equivocado. Puede ser que nada sea ya lo mismo desde el día que te diste cuenta que tienes más excusas que razones, y que da igual lo fuerte que lo desees, un día sólo tiene veinticuatro horas. La vida sigue, déjate de cuentos.
Tengo en la frente un post-it de cosas que no están escritas al pie de la letra y que por supuesto no saldrán como planeamos, pero total ya ni importa. A veces la vida es chocarse de frente contra lo que venga, siempre esquivando a tiempo las ostias cuando ves que te vas a romper la cabeza.

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