Ignoramos a quién nos quiere. Queremos a quién nos ignora. Amamos a quién nos hiere, y herimos a quién nos ama.
Esta frase es típica, ¿verdad? Nunca me había pasado a pensar realmente en ella.
Simplemente sabes que es jodidamente cierta, la maldices, Y continúas. Pero ahora veo que además de cierta, es más triste de lo que jamás imaginé.
Nos dedicamos a anhelar con todas nuestras fuerzas, incluso con las que no tenemos, que ESA persona nos ame. Nos ame de la misma manera que la amamos nosotros. O quizás no la amemos, pero queremos que ese sentimiento indescriptible sea correspondido, por mínimo que sea.
Y mientras agonizamos y blasfemamos, pasamos ratos con personas ocasionales. Con parejas divertidas, que hacen nuestras noches más amenas. Que, junto al 43 con lima, hacen que olvidemos al culpable de todos nuestros desvelos.
Y continuamos nuestra vida. Sin pensar a quién herimos, con quién jugamos. Quién puede estar muriendo por una sonrisa nuestra. O peor aun, y más egoísta, la cantidad de historias que dejamos escapar sin saberlo, por creer en un cuento de hadas que no va a ningún lugar.
Es horrible darse cuenta de como luchamos por historias sin principio, confiando en que serán como en nuestra imaginación. Y dejamos pasar aquellas que son sí son reales, sin darles la oportunidad de saber si pueden hacernos felices.
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