Hay días en los que me gustaría dejarme de tonterías, ¿sabes? Solo coger el teléfono y llamarte, decirte que vale, sí, que bien. Que nada es para siempre, y que no seamos como los amores de películas americanas. Pero que, por favor, te quedes esta noche conmigo. Y que, mientras la luna nos acompañe, nos abracemos y toquemos hasta ser solo uno. Pedirte que me cuentes tus sueños de la infancia, que me digas que hace demasiado frio para mi vestido de esa noche, y burlarme de esa manera tuya de bailar. Esa que tanto me gusta.
En el fondo, sé que no te quiero conmigo para el resto de mi vida, pero podíamos disfrutar de una noche de esas a la semana. Quizás dos.
Aunque te diré, que lo que realmente quiero, es poder despertar una mañana y que, ya que no estás fisicamente a mi lado, tampoco lo estés en mi cabeza. Y que solo aparezcas por mi cabecita para recordar aquel pasado diciembre, matizando lo de pasado.
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